Desde hace unos años, distintas empresas inmobiliarias, promotoras y constructoras han hecho caja vendiendo parte de sus activos ubicados en España para situar sus inversiones en países de Europa del Este.
Países como Hungría, Chequia o Polonia, se han visto beneficiadas por la inversión extranjera en la compra de solares para construir. No obstante, se está dando la circunstancia de que el crecimiento económico de estos países no está yendo al mismo ritmo que el del precio de los pisos. En este sentido hay que preguntarse cuál es el objetivo de este tipo de inversiones y si están basadas en una nueva burbuja inmobiliaria. Es decir, un incremento desmesurado del precio de los pisos que no obedece a razones de mercado sino meramente especulativas.
Todo ello podría plantear el problema de que los pisos construidos en estos países no puedan ser comprados por personas locales con un poder adquisitivo limitado, sino que se conviertan en meros elementos de inversión sin voluntad de ser ocupados nunca.
Las areas ubicadas en las afueras de las grandes ciudades catalanas son las que están experimenando un crecimiento más alto en cuanto a las ventas inmobiliarias. La razón viene dada por el incremento de la demanda por parte de inmigrantes. Este colectivo se está asentando en el extrarradio de ciudades como Barcelona, Girona, Tarragona o LLeida, donde los precios de los pisos son más asequibles.
Esta circunstancia ha provocado que se haya disparado la demanda de pisos de entre 60 y 80 metros cuadrados con un precio máximo de 350.000 euros, por lo que algunos promotores están orientando sus actividades a este tipo de pisos en zonas en las que los precios de los solares son más baratos y la demanda de los mismos sigue siendo alta.
Aunque nuestros políticos se empeñan en incitar a la gente propietaria de pisos vacíos para que los pongan en alquiler, éstos son reacios a hacerlo, a pesar de las ventajas fiscales propuestas, o de las ayudas que en algunos casos existen. No obstante, sigue habiendo una bolsa importante de pisos vacíos.
En este asunto, como ya se ha advertido en algún otro artículo publicado en este foro, acaban pagando justos por pecadores.
El problema del alquiler es un problema de fondo y no de que se propongan unas medidas fiscales para ahorrarse unos eurillos el día que haya que pagar a Hacienda. El Gobierno debe darse cuenta de que el problema reside en la lentitud de la Justicia, en el poco apoyo que tienen las personas que alquilan un piso a la hora de reclamarle una deuda a un inquilino moroso, o los daños y perjuicios ocasionados en el inmueble que la fianza solicitada no cubre.
Aunque los políticos intenten poner soluciones, de momento sólo han puesto parches que a la hora de la verdad no han roto las reticencias que los propietarios tienen a la hora de poner sus pisos en alquiler. Así se da el caso de que una persona que ha sufrido destrozos en su piso se ve indefensa para reclamar a un inquilino que se va a declarar insolvente y que lo único que va a generarle es un mayor coste en abogados.
La solución debe encontrarse a priori, es decir, prever hasta el último detalle en el contrato de arrendamiento, así como solicitar avales o fianzas altas con el fin de cubrir las posibles contingencias que pueda haber entre las partes.
Algunas inmobiliarias han adoptado un plan super agresivo de expansión y captación de clientes que consiste en ofrecer a propietarios que tienen la intención de vender su piso / local, pagarles un cantidad determinada de dinero mensualmente a cambio de gestionarles la venta. En caso de que finalmente no aparezca un comprador la inmobiliaria se obliga a comprarlo.
Tras esta suculenta oferta, existen algunos claroscuros que conviene tener en cuenta. En primer lugar, conviene acudir a un abogado que se revise la letra pequeña del contrato (www.salathargroup.com). En segundo lugar en estos casos la inmobiliaria exige exclusividad para vender el piso, lo que supondrá que incluso en el caso de que el propietario del inmueble sea el que encuentre comprador, el vendedor también estará obligado a pagar la comisión pactada con la inmobiliaria. En este punto se está en manos de la inmobiliaria, porque ésta será la encargada de ofrecer el piso a posibles compradores entre su amplia oferta. Lo que en algunos casos podría llevar, en caso de actuar de mala fe, a no ofrecer el piso (y esto enlaza con el siguiente párrafo).
Y por último, en el caso de que la inmobilairia no consiga vender el piso, se suele obligar a comprar el piso, aunque por un precio por debajo del que se estaba ofertando. En última instancia, lo que está haciendo será comprar por debajo del precio de mercado.











